No me refiero a las devoluciones actuales luego de un pique a tierra, cuando el juez detiene el encuentro para que se atienda un jugador lesionado en el campo o debido a alguna otra interrupción inusual. Hablo de un saque de banda, de una mano o de una falta pitada por error o a favor del equipo equivocado.
Nunca le pregunté qué pasaba si pitaban erradamente un penalty, pero parece que eso no era lo común en la época, porque entonces –entiendo de las historias que me contaba mi papá– los futbolistas se dedicaban a jugar fútbol, no a impresionar al árbitro para que se equivocara a su favor.