Luciano Pavarotti me caía gordo, y no era solamente por aquello de su apariencia física. Me caía gordo porque hacía ver el canto muy fácil. Luego, uno iba a tratar de cantar algo y no entendía cómo para él parecía tan simple como abrir la boca y dejar salir las notas, no importaba cuán agudas fueran.
Dueño de una técnica impecable y de un timbre inconfundible, Pavarotti deja un gran vacío en el mundo del canto lírico. Aunque su carisma, aquel del que tanto hablan quienes lo conocieron, tal vez no se alcanza a apreciar tan bien en los videos como pudo verse en vivo, hay que reconocer que para un cantante de sus proporciones físicas hacía un gran trabajo en el escenario.
No era el gordo que se paraba en la mitad de las tablas a cantar para que todo el mundo disfrutara su bella voz y lo adorara, sino que hacía un esfuerzo por interpretar y actuar, a pesar de las limitaciones que un cuerpo tan voluminoso pudiera imponer.