Dice Ricardo Silva en su columna de hoy en El Tiempo: "De vez en cuando nos gusta Colombia, sí, pero nos hemos acostumbrado a que no sea problema nuestro. Somos buenos para hacerles barra a los ciclistas, pero malos para pedalear".
Y así es: los colombianos nos acostumbramos a criticar a nuestros gobernantes, pero no tenemos la menor autoridad moral para exigir algo bueno de ellos. Para nosotros, son dignas de aplauso desde conductas 'simples' (como botar papeles a la calle, cruzar un semáforo en rojo, colarnos en una fila) hasta faltas graves como sobornar, pagar para lograr favores que van contra la moral y la ética, robar, matar...
No nos importa que para el país incluso las 'faltas menores' no son una sola, sino la suma de más de 40 millones de ellas, de sendos colombianos que pedimos a los gobernantes pensar en el país, pero que como ciudadanos no pensamos más allá de nuestro propio beneficio, al precio que sea... varios millones por un soborno, un tamal por un voto, una vida por un celular.
