Publicada originalmente en Enter.co
Durante mi
infancia, me causaba curiosidad el termómetro que estaba en la puerta de la
nevera, en la casa de mis papas. Podía estar haciendo calor o frío; podía estar
lloviendo o haciendo un sol esplendoroso; podíamos estar cocinando con todos
los fogones a máxima potencia o simplemente mirando por la ventana: el
termómetro siempre marcaba 20 grados centígrados. Al final, era un adorno más,
porque como termómetro no servía para mucho...
Lo mismo (pero al
revés) sucede con algunas aplicaciones de mi teléfono inteligente: tengo -por
casualidad- unas cuatro de ellas que entregan información del estado del
tiempo, y no es extraño que a la misma hora y en el mismo lugar muestren
temperaturas con diferencias de cinco grados centígrados.
La situación
parece más o menos obvia, porque Bogotá es una ciudad muy grande en la que las
condiciones del tiempo no son las mismas en todas las zonas. Por eso, mientras
en el sur de la ciudad hace sol, en el centro puede estar cayendo un aguacero y
en el norte, una granizada.